La situación ya empieza a generar malestar dentro del propio organismo portuario. Buscando tomar distancia, algunos de los miembros de Directorio solicitaron licencia. Otros habrían renunciado. Y hay quienes están ejerciendo presión intentando apurar una definición del ejecutivo bonaerense, que aún no llega. En este escenario, comienza a agrietarse la relación entre los directores y el único miembro que goza de nombramiento efectivo: Eduardo Pezzati, presidente del organismo. En tanto, puertas afuera la situación caldea los ánimos de otros referentes del sector portuario, que pujan por encontrar un lugar en la mesa grande de decisiones. El clima es semejante al interior de una olla a presión, a punto de estallar.
El mandato de diez de los once miembros del Directorio del Consorcio Portuario Regional Mar del Plata, venció el 23 de marzo de 2007. Todos ellos –a excepción de Eduardo Pezzati, con mandato firme hasta diciembre de 2010 como titular del organismo–, iniciaron su período el 23 de marzo de 2004. Sin que ninguna autoridad bonaerense haya confirmado oficialmente su continuidad en el cargo, siguen anclados al Directorio habiendo cumplido más de dos tercios de un nuevo período con sus mandatos vencidos.
El estatuto del Consorcio no establece la renovación automática de los directores en ninguno de sus artículos, aunque tampoco habría impedimento legal para que éstos –aún con mandatos vencidos– permanezcan en sus puestos hasta tanto sean nombrados sus sucesores. Lo cierto es que la situación resulta cuanto menos desprolija e imprudente. Acaso una señal del desinterés provincial por un puerto considerado estratégico en el desarrollo regional. Con todo derecho, cualquier operador portuario podría objetar la legitimidad de las decisiones emanadas de un directorio cuyos miembros llevan más de 26 meses ostentando un cargo caduco.
La situación está generando malestar dentro del propio organismo. Buscando tomar distancia, algunos directores habrían presentado su renuncia al cargo –según trascendió extraoficialmente–. Otros estarían con la pluma en la mano a punto de firmar la propia, en cualquier momento. También hubo quienes solicitaron licencia, hasta tanto la tormenta se disipe. En tanto, otro grupo de directores intensificó la presión procurando lograr una urgente definición provincial, que todavía no aparece.
Acaso en tono de ultimátum, le fueron con este planteo al propio Eduardo Pezzati, a fin de que interceda ante las autoridades provinciales para que definan la nueva composición del Directorio, cuanto antes. Pues hoy el organismo está virtualmente acéfalo, por momentos ni siquiera logra el quórum mínimo de seis integrantes para poder reunirse, deliberar y decidir, según revelan en voz baja desde su propio seno.
En el mismo sentido, Darío Sócrate, integrante del Directorio en representación de los Armadores, confiesa que la situación es insostenible. "Esto ya no se puede sostener y está generando inestabilidad, más allá de la continuidad administrativa. Lo cierto es que al no haber nuevo nombramiento, el viejo director no sabe qué hacer, porque en verdad no sabe si es director o no. Hoy urge sobremanera la definición del Directorio. Se lo hemos planteado a Pezzati, a (Débora) Giorgi, a (Ricardo) Del Valle, al intendente (Gustavo) Pulti y a todos". A simple vista, las gestiones no tuvieron ningún resultado.
Hasta el momento, sólo unos pocos directores optaron por apartarse. Entre ellos, el representante de los municipios de la región, Jorge Paredi (de Mar Chiquita), quien dejó de formar parte del Cuerpo, pero la provincia todavía no definió al sucesor. También Mariano Pérez, representante de la Cámara de la Industria Pesquera Argentina (CAIPA), quien está a la espera de que se defina su reemplazante, alguien del seno de la misma Cámara, pues desde que Pérez se integró al plantel del Grupo Giorno, dejó su cargo de gerente en CAIPA. El otro que espera irse hace rato es Victorio "Pichín" Elena, de la Cámara de Actividades Portuarias, quien está de licencia.
En tanto, el grueso de los directores (o bien, las entidades que ellos representan) hace tiempo que elevaron el pedido formal para renovar sus mandatos. Y se descuenta que gran parte lo logre sin dificultad. Pues cómo poner en duda la presencia dentro del Consorcio de los referentes de las Cámaras pesqueras más relevantes de la ciudad: CAIPA, CEPA (con su sillón vacante, desde que Juan Guiñazú dejó ese lugar para sentarse en representación de la Comuna) y Armadores. O bien quizá, la permanencia del gremio marítimo de mayor peso específico local, el SIMAPE.
Sin embargo, hay otros cuya situación es bastante endeble. Sus sillones están en la mira de una larga lista de operadores del sector, quienes pugnan por sentarse a la mesa de las decisiones. Entre los actuales miembros del Directorio que se mencionan con mayor insistencia como "nominados para abandonar la casa", estarían: Ricardo Manocchio (APDFA - representación gremial), Alberto Adán Rosa (FECOOAPORT - empresas de servicios portuarios) y Juan Gutiérrez (Cameco - asociaciones empresarias del comercio y producción). Incluídos los lugares que venían ocupando Jorge Paredi y Victorio Elena. Todos estos sillones son codiciados por una extensa lista de aspirantes.
La representación sindical la reclaman desde la intergremial portuaria –que conforman SOMU, SUPA, SICONARA, SOIP, Federación del hielo, SAON, Aduana, Camioneros, Empleados de Comercio y sectores del Senasa–, quienes concuerdan en postular a Néstor María en uno de los sillones reservados a los gremios.
En tanto, el asiento destinado a las prestadoras de servicios portuarios, marítimos y/o de apoyo a la navegación, lo demanda con firmeza la Cámara de la Industria Naval, que ya ocupó ese espacio de 2000 a 2003 de la mano de Domingo Contessi. Hoy esta entidad postula a Florencia Garrido (ver "El Consorcio Portuario está acéfalo", pág. 06). Desde varios escalones más abajo, también aspiran a este lugar otro puñado de Cámaras de reciente formación, cada una con candidato propio. Emilio Bustamante y Omar Alonso, son sólo algunos de los nombres que se mencionan en la disputa. Por las dudas, éstos también tienen sus ojos puestos en el sillón de los permisionarios, aún de Elena.
El propio Pezzati –explotando la buena relación Pulti-Scioli– estaría bregando por el ingreso de entidades empresarias emparentadas con él, cercanas a la Bolsa de Comercio Mar del Plata.
En tanto, el sector de barcos costeros –con preponderancia en los muelles– pretende que se les haga lugar en el Directorio. Su intención no es desplazar a nadie, pero sí estar en la mesa. Si es necesario, piden que se amplíe para sentar a José Buzzurro.
La indecisión provincial parece acrecentarse con cada nuevo interesado. Ya son dos años, de una indefinición absurda.

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