"Por mis venas corre caucho. Más de la mitad de mi vida la dediqué a este rubro. Me gusta mucho. Vengo desde la cuna con esto". Desde el vamos, Roberto Viloni saca a relucir su pasión por el arte de fabricar artículos de goma, un oficio que heredó de su padre y que practica desde hace 20 años. "Mi viejo fue uno de los primeros fabricantes de elementos de goma", historia que se remonta a 1960. De su mano, Roberto aprendió los secretos del caucho.
Heredero y genuino portador de los saberes de este oficio, muy pronto comprendió que con la distribución podía complementar y mejorar el negocio de la fábrica. En esa dirección encaminó sus esfuerzos y en el 2003 fundó Movigom Argentina SA, inicialmente con el respaldo de un socio.
Dedicada a la comercialización de artículos de goma y PVC y siendo un importante distribuidor oficial de marcas líderes en ese rubro, en tan sólo cinco años, esta firma logró un nivel de inserción verdaderamente destacable dentro del ámbito de la pesca. Hoy exhibe una cartera de clientes que conforman desde las armadoras pesqueras líderes hasta las de menor envergadura. "En Mar del Plata, dentro de nuestro rubro, atendemos al 99% de las empresas de la pesca", se ensancha Roberto Viloni en el sillón en su oficina vidriada, desde donde observa todo y comanda la operatoria de su empresa.
Si bien la central operativa de sus negocios está en Mar del Plata, principal puerto pesquero del país, con la apertura hace tres años de la sucursal Movigom en Puerto Madryn, ésta firma amplió su área de cobertura con proyección hacia los distintos puertos patagónicos. Un nuevo horizonte se abrió desde entonces para la empresa, que hoy capta el 90 por ciento de las pesqueras de Madryn (Alpesca, Pesca Puerta, Harengus, y la lista sigue). Sin duda, esta joven empresa pisa fuerte en la pesca como proveedor de cintas transportadoras, mangueras, correas, planchas y pisos de goma, cortinas de aislamiento, abrazaderas, grampas, broches, burletes y un extenso etcétera.
"Movigom es un emprendimiento propio y familiar", explica Viloni. De su familia, lo acompañan su esposa, Stella Maris Dominé, y su hijo, Lucas Matías. Además, cuentan con un plantel de siete empleados. Viloni cree que sus otros dos hijos, cuando crezcan, también se acoplarán a la empresa que él edificó a fuerza de gran trabajo y una autoexigencia que –el año pasado– comprometió su salud con riesgo de vida.
Párrafo a la crisis: el impacto llegó al mostrador
Desde el comienzo de este año hasta el presente, la merma de ingresos en efectivo en concepto de ventas al público en mostrador, viene siendo cada vez más notoria. "Tenemos un movimiento intenso, pero los clientes llevan todo a cuenta y nada en efectivo", explica el responsable de Movigom. Tanto que la empresa tuvo que duplicar la apertura de cuentas corrientes a sus clientes en el último trimestre, a fin de mantener un ritmo aceptable de ventas. "Hoy tenemos 310 cuentas corrientes vivas de modo constante. En cambio, en noviembre y diciembre del año pasado, eran poco más de la mitad".
Para graficar la magnitud de la situación a ciertos niveles dentro del sector, Roberto Viloni apela al caso de dos jóvenes hermanos, propietarios de dos barcos costeros de mediano porte. "En cinco años, jamás compraron algo a cuenta. Siempre, en efectivo. Hace unos días, por primera vez, llevaron trescientos pesos en mercadería y pidieron anotarlo". Un síntoma del efecto crisis en parte de la flota.
"Hasta fines del 2008, vivía del mostrador y pagaba los gastos fijos". Viloni ya no dice lo mismo.
Sin crédito, más difícil
Sin crédito se hace cuesta arriba. Pues este rubro requiere de un stock impensado. Infinidad de artículos, en infinitas variedades y en cantidades exageradas. De lo contrario, sería imposible estar a la altura del mercado pesquero, que todo lo exige para anteayer. "Una empresa así necesita capital de trabajo. En stock debemos tener mercadería de todo tipo y en cantidades industriales". El éxito de su negocio depende de esto.
Movigom cumple este requisito, pero a fuerza de tener un capital muerto, a la espera de movilidad en la demanda. Lógicamente, las complicaciones aparecen cuando las ventas son a plazo y no se encuentran instrumentos de financiamiento apropiados que aporten las divisas necesarias para invertir en la compra de mercadería.
"Si bien trabajo no nos falta, estamos económicamente trabados, puesto que los bancos no nos apoyan", se queja el empresario.
En este contexto, la única salida que encontró Movigom fue recostarse en la buena predisposición de los grandes fabricantes, quienes hoy están financiando muchas de las compras.
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