"Son muy pocas las empresas que toman la decisión de hacer trabajos grandes", diagnostica Daniel Thorné, uno de los titulares de Nautiplast, en alusión a cómo la crisis se vive en tierra firme.
"Crisis en el puerto hemos tenido varias, pero acompañada de una crisis mundial en las exportaciones, que yo recuerde, es la primera vez". Situación que le agrega dramatismo a la lectura del presente. El otro problema que irrumpe en este contexto, es el alargamiento en la cancelación de las facturas pendientes por parte de quienes las adeudan. "Hoy los plazos de pago son muy largos. Y eso nos afecta a todos", asevera.
El envión que traía Nautiplast en su actividad, alentó a sus socios a bosquejar algunos planes de expansión, que la crisis los obligó a congelar. "Ibamos a tomar más personal, por el buen ritmo que traíamos, pero esa decisión quedó suspendida", cofiesa Thorné.
Pese a la desaceleración que se palpa en este rubro, la firma optó por reducir la jornada laboral antes que apelar a los despidos. "Mantenemos el mismo plantel. Sólo que ahora trabajamos de lunes a viernes y ya no los sábados. Y además tuvimos que acortar un poquito el horario. Es que no tenemos trabajo para la gente todos los días. Sacrificamos un poquito todos". Thorné describe la estrategia que utiliza Nautiplast para transitar este difícil momento.
"Uno debe adaptarse a la realidad -añade-. Desde nuestro punto de vista, debemos pasar la crisis lo más liviano posible, tratando de que no queden deudas. Y eso implica cortar inversiones en la empresa, en maquinarias, en cambiar vehículos. Este año todas esas decisiones quedaron en stand by", completa.
Si bien Thorné cree que el 2009 será un año de grandes complicaciones, no tiene dudas de que el próximo será mejor. "Este año va a ser muy malo y difícil. Pero tengo esperanzas de que en el 2010 la economía se recupere".
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